El sentido de pertenencia o sentimiento de pertenencia es la percepción que cada uno de nosotros experimentamos respecto a un grupo, una organización o una comunidad en donde nos sentimos cómodos, bienvenidos y/o aceptados, es decir, en donde sentimos que pertenecemos. El sentido de pertenencia, por tanto, es un elemento fundamental en las relaciones sociales en los grupos como son familia y colegio. Sin un sentido de pertenencia bien arraigado, a los colectivos humanos les cuesta mucho más funcionar de manera conjunta y coordinada.
Hasta cierto punto, el sentido de pertenencia se forja de manera natural y espontánea entre personas que comparten espacio e intereses durante el tiempo suficiente. A fin de cuentas, somos seres gregarios y la experiencia compartida forja lazos de identidad entre nosotros. El sentido de pertenencia puede construirse también a través de la educación (cívica, ciudadana, familiar, etc.). Los valores transmitidos en esta fomentan que las personas tengan la percepción de sentido de pertenencia a su grupo.
De hecho, el sentido de pertenencia en el ámbito familiar se encuentra entre los factores cruciales para la adecuada formación de los niños, ya que en la medida en que se sienta aceptado, aprobado e integrado al núcleo familiar, será más sólida su autoestima. En la "Teoria de las necesidades humanas" formulada por el psicólogo estadounidense Abraham Maslow (1908-1970), queda de manifiesto que el sentido de pertenencia forma parte de las necesidades afectivas de todas las personas a cualquier edad.
Podemos concretar que el sentido de pertenencia es, por tanto, el sentimiento que tiene el niño de ser aceptado por los demás, de ser considerado importante y parte de un grupo. Este sentido de pertenencia empieza a desarrollarse en los primeros años en el seno de la familia. Los padres y los hermanos, si los hubiere, ayudarán al niño a sentirse aceptado y querido y ése será el primer grupo del que el niño se sentirá parte. Si en esta etapa el sentido de pertenencia del niño se desarrolla adecuadamente, podrá socializarse con mucha más facilidad y sentirse más integrado en los diferentes grupos de los que tendrá que ir formando parte durante el resto de su vida (colegio, amigos…)
Por ello el papel de los padres en este aspecto es primordial. Deben crear un ambiente familiar en el que el niño participe, donde aprenda a compartir y a tomar responsabilidades compartidas entre todos. Eso hará que el niño vea la familia como un grupo del que es parte importante y que aprenda a compartir las cosas buenas y malas, a aceptar y seguir las reglas. Todo esto le ayudará a encajar en cualquier grupo del que deba formar parte.
Un niño con buen sentido de pertenencia es colaborador y amistoso, se muestra sensible y comprensivo hacia los demás, sabe cooperar y compartir y es aceptado y valorado por los demás.
Por el contrario, un niño con escaso sentido de pertenencia se aísla de los demás, tiene dificultad para hacer amistades y se deja influir por los otros. Suelen ser niños competitivos en lugar de colaboradores y tienden a criticar tanto a sí mismos como a los demás.
¿Cómo podemos desarrollar o mejorar el sentido de pertenencia en los niños?
Algunos consejos para realizar en la familia:
1. Mantener una buena comunicación con nuestros hijos e hijas Practicar la escucha activa, dejar que se expresen con total libertad sin juzgarles y preocuparnos por sus problemas e inquietudes, sean cuales sean.
2. Dedicarles tiempo de calidad, sin distracciones Un tiempo dedicado sola y exclusivamente a ellos y a realizar alguna actividad conjunta.
3. Ofrecerles mensajes de amor y confianza en sus capacidades Debemos dejarles ser, dejarles intentar y equivocarse, siempre mostrando que confiamos en ellos, que los creemos capaces y que estaremos ahí para apoyarles en lo que necesiten, pero sin sobreprotegerlos. Es importante que dotemos de alas a nuestros hijos e hijas, pero también que sepan que somos la red sobre la que pueden caer si se tropiezan. Demostrar amor incondicional y que los queremos tal y como son. Esto es importantísimo. Nuestros hijos e hijas deben saber que siempre los querremos, aunque se equivoquen y cometan errores.
4. Dar valor a sus necesidades y a sus opiniones. Es importante que los niños sientan que sus necesidades y sus opiniones tienen un espacio y son tenidas siempre en cuenta.
5. Fomentar la cooperación y el trabajo en equipo. Dentro del grupo al que pertenecen, los niños y niñas deben sentirse una parte útil, cuyo trabajo y acciones repercuten positivamente en los demás y en el funcionamiento del propio grupo.
6. Valorar sus capacidades y sus logros. Tenemos que alentar a nuestros menores, usar el refuerzo positivo, valorar sus buenas acciones, sus logros, sus aptitudes y las metas que van alcanzando, por pequeñas que sean.
7. Dirigirnos a los niños siempre de forma cordial y firme, fomentando el respeto mutuo.
8. Cumplir siempre los acuerdos (promesas incluidas).
9. Evitar castillos y represalias, sobre todo cuando son exageradas para el error cometido.
10. Fomentar la confianza de nuestros hijos escuchándolos y reflexionando con ellos. De igual manera compartir con ellos nuestras emociones validando las suyas.
Recordad que, en la mayoría de los casos, la mala conducta infantil tiene como causa fundamental el escaso sentido de pertenencia al grupo ya sea familiar o escolar.
Os invito a ver el vuelo de los gansos, como un ejemplo de lo que hacen algunas aves, para ayudar asus congeneres.